Boca abajo
- Manuel Gris
- 10 abr 2015
- 1 Min. de lectura
El mundo gira a mí alrededor como si llevase encima una borrachera de órdago; la que en realidad llevo.
A veces la mejor manera de no explicar el motivo de nuestros actos directamente, sin tapujos, ya sea por miedo o por vergüenza, es describiendo donde se está y qué se acaba de hacer y, a partir de ahí, que cada uno tome sus decisiones; que se hagan las ideas que se crean oportunas.
Voy.
Mis manos están sujetando el suelo, con mucha fuerza, por miedo a que me deje ir y acabe más lejos de dónde en realidad debo estar y que, desde luego, no es en este parque infantil. Además del mundo, un coro de risas se mezclan con el aire que, sin muchas ganas, inspiro y expiro, que permito que se siga manteniendo con vida. Una vida, os regalo una confesión, que hace mucho tiempo que me cansé de aguantar.
Miro a mi derecha y mi carro de la compra y mis mantas, mis botellas y mi radio vieja están esparcidas por el suelo lejos de mi banco. Rotas, sucias; como yo.
Otra patada me hace dar la vuelta y mirarle a la cara.
Una cara. La tuya.
