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Relato aparecido en el Fanzine DINOSAURIOS DEL PIT -Una Historia de mi aguja-

  • Foto del escritor: Manuel Gris
    Manuel Gris
  • 15 abr 2015
  • 2 Min. de lectura

La gente cree que trabajar en algo que te apasiona, en algo que te ha gustado desde que tienes uso de razón, es la mejor de las bendiciones que se pueden tener.

Una puta mierda para ti.

Llevo 11 años tatuando en el estudio J.J.J., situado en el centro de mi ciudad, y puedo deciros con todas las letras que incluso el trabajo de tus sueños, ese para el que crees que estás predestinado, y que si le hechas huevos conseguirás, a veces es un cubo tan lleno de mierda que casi te entran ganas de cortarte los huevos y tragártelos empapados en Tabasco.

Sé que gracias a internet ya hay muy pocos tatuajes que puedan sorprenderte, pero no todas las abominaciones que la gente decide tatuarse acaban en la red, así que no te las des de listo.

No tienes ni puta idea.

La lista de tonterías que la gente cree que quiere tener para toda su vida en la piel es tan larga, que creo que el amigo que me ha dicho que os cuente esto para su fanzine me iba a meter una bronca monumental si os la escribiera, pues me subrayó que SOLO UNA PÁGINA, así que solo me centraré en la que me pareció la tontería más grande que he tenido que hacer.

No fue aquel Bob Esponja disfrazado de Bella de Crepúsculo, ni la cara de José Mota; ni siquiera aquella vez que tatué en el ojete de una chica "Puta de Samuel". No.

La chica en cuestión, con la apariencia de la tronista más guarra de Mujeres Hombres y Viceversa, entró en el estudio y fue directa al álbum de muestras, cosa que nos facilita el trabajo, pero que dice muy poco sobre la razón de ser del tatuaje. Hay gente que se cree que tatuarse algo es igual que comprarse una camiseta, que pintarse las uñas o que teñirse el pelo, pero mientras nos paguen y se vayan con una sonrisa, la verdad, el retraso mental de los demás nos la sopla; preferimos no juzgar.

Se acercó a mi compañero y a mí y señaló algo que pusimos en su día ahí porque sobraba espacio.

Este, dijo, y después se señaló la barriga y dijo aquí.

Ni hola ni por favor ni ¿qué tal? Solo eso.

La educación, por mucho que se diga, no está al alcance de todos.

Pagó en metálico, sinónimo de que su papá había financiado aquello, y se sentó obedientemente en la camilla donde soltó unos gritos tan exagerados y molestos, tan humillantes y ridículos que, siéndote sincero, no me supo mal cuando se movió de puro dolor y una de las líneas se salió del dibujo original dándole, si cabe, más patetismo a esa cara de Doraemon que mirará fijamente, y para siempre, a cualquier polla que se atreva a entrar en esa chica.

A veces la moda, como lo es a día de hoy hacerse un tatuaje, no es más que una forma de tratar de encontrarse a uno mismo, y otras es peor que un cáncer, porque consigue que la gente haga lo que sea con tal de no sentirse sola en el mundo, lo que les conduce a una espiral autodestructiva que me gusta, y mucho, aplaudir desde mi burbuja.

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