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Con la Luna como testigo

Aquella noche la Luna era la única testigo de cómo las lágrimas de Jon se estrellaban contra el suelo. No podía creer lo que tenía ante él. Simplemente, no podía ser.

Había pasado mucho tiempo pensando en el caso, tratando de despejar todas las X dentro de la monstruosa ecuación, y el precio que había tenido que pagar había sido elevado. Su mujer y su hijo habían sido las víctimas número 15 y 16 respectivamente, y a pesar de las palabras de su teniente había decidido seguir con la investigación del Asesino del Collar, que era como la prensa había bautizado al hombre que Jon tenía en ese momento ante él.

Le había atrapado. Y lo único que pensaba en ese momento era que ojala pudiera volver al pasado y decirse a sí mismo que lo dejara; que aquel final no era algo que fuera a hacerle dormir mejor por las noches.

Aquel hombre que se desangraba ante él había arruinado la vida de 20 familias, y aun sabiendo que todas esas personas iban a pensar en Jon como un héroe, no podía evitar sentir un vacío tan grande en el corazón que le obligó a levantar la cabeza y hundir sus ojos en la Luna.

Tenía que dejar de estar allí. Escapar lejos de allí.

Lejos del cadáver de su hermano; el Asesino del Collar.


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